¡Los días ya no brillan igual!

Existe una ligera pátina de color tabaco, se disipan los brillos y los colores pierden su eficacia. Desde esa época innombrable, parece que parte de la energía de los átomos que nos materializa, se ha diluido en un infinito enorme ¡Echo de menos los días brillantes como los bocadillos y su sinfonía del color perfecto! Había descaro sin remilgos, se buscaba la plenitud y no existía el miedo al fracaso. Ser único era el objetivo final ¡Aplausos, vítores, jolgorio! Se que no resulta fácil, nos hemos adormecido, los brazos, las piernas…el cuerpo entero e incluso más aún, nuestro cerebro.

Pero al final, apenas cuando doblemos la próxima esquina, volveremos a asombrarnos. Volveremos a sonreír dulcemente, desgajando los pulmones de toda presión y dejándonos caer sobre la silla sin miedo a rompernos los huesos. Volveremos a sentir vegüenza ajena, pero no nos importará tanto como creíamos. Será cuestión de tacto, y el día en que los labios se rocen, y se conviertan en besos eternos en plena calle…
Los días brillantes como manzanas regresaran, ese día será carnoso, y de un rojo voluptuoso. Vendrá para quedarse y sacarnos del frío este, insano, que nos adormece y nos deja planos como el planeta.