Polímeros orgánicos y artificiales.

Hace apenas dos días mi hija, una adolescente insoportable la mayoría de las veces; incomprensiblemente se acercó a nuestro dormitorio para mostrarnos unos de sus trabajos del «Insti» Para ese trabajo eligió un poema de Lorca, lo recitó en voz alta; yo estaba dormitando sobre la cama,  y al escucharlo, inmediatamente me desperté y me atrapó. Me agitó como una coctelera de un bar de faroles rojos, me ensució el alma y despertó un sudor incontenible  y espeso. Palpitaba como un martillo neumático en plena calle de Madrid a las dos del medio día, en un verano que está aún por llegar. Sentía como rechinaban mis dientes  cada vez sus palabras machacaban el asfalto sin continencia.

Al terminar, me dejó agujereado como un colador; es increíble ese tío, que bestia. Engulle carne  y huesos y vísceras  enteras sin inmutarse. Y en una capacidad sobrehumana lo teje todo en una telaraña enorme de hilos de seda. Es tan hermoso  que te penetra  hasta el más intimo recoveco de tu cerebro, dejándote tan desubicado como la última raya de aquel concierto de «Las ratas» en el 96.

¡Ya se que no tiene mucho que ver! ¡ O quizás sí! Pero además  lo acepto y entiendo que es imparable. La tecnología nos ayuda y todo lo hace más sencillo. Pero, cuanto perdemos por el camino con estas nuevas tecnologías: nos pueden convertir en creadores y artistas sin mancharnos las manos, sin soportar el peso de la culpa, sin asumir dudas y errores irreversibles. Tendremos capacidades ilimitadas, seguro, y una inteligencia artificial inagotable y fiel como un perro; seremos limpios y perfectos para cada momento; demostraremos que somos inteligentes,  y extremadamente polifacéticos hasta el infinito.

Pero me quedan dudas: ¿Seremos entonces de fluidos y piel, de sangre hirviendo, de carne y huesos endebles y frágiles? ¿Seguiremos vomitando hiel? ¿Tendremos escalofríos en plena primavera y nos brotará la piel  hasta producirnos alergias?

Nos quedaremos mudos, ciegos, callados, o todo nuestro mundo viajará a la velocidad de la luz, y así, podremos observarnos tras un cristal de polímeros  artificiales aún por descubrir, sin dejarnos cicatrices.

GACELA DE LA MUERTE OSCURA

Quiero dormir el sueño de las manzanas
alejarme del tumulto de los cementerios.
Quiero dormir el sueño de aquel niño
que quería cortarse el corazón en alta mar.

No quiero que me repitan que los muertos no pierden la sangre;
que la boca podrida sigue pidiendo agua.
No quiero enterarme de los martirios que da la hierba,
ni de la luna con boca de serpiente
que trabaja antes del amanecer.

Quiero dormir un rato,
un rato, un minuto, un siglo;
pero que todos sepan que no he muerto;
que haya un establo de oro en mis labios;
que soy un pequeño amigo del viento Oeste;
que soy la sombra inmensa de mis lágrimas.

Cúbreme por la aurora con un velo,
porque me arrojará puñados de hormigas,
y moja con agua dura mis zapatos
para que resbale la pinza de su alacrán.

Porque quiero dormir el sueño de las manzanas
para aprender un llanto que me limpie de tierra;
porque quiero vivir con aquel niño oscuro
que quería cortarse el corazón en alta mar.

FEDERICO GARCÍA LORCA